PREMIO

Manuel Tizziani: Ganador del prestigioso premio «Ezequiel de Olaso» edición 2018


La Revista Latinoamericana de Filosofía premió al Dr. Manuel Tizziani (Investigador asistente IHUCSO CONICET UNL) en el concurso “Ezequiel de Olaso” edición 2018. Este concurso, dirigido a jóvenes investigadores, es organizado de manera periódica y en esta ocasión contó con tres jurados internacionales: Juan Manuel Comesaña (University of Arizona), Plinio Smith (Universidade Federal de Sao Paulo) y Carlos Thiebaut (Universidad Carlos III de Madrid).

El artículo “El camino de la duda. De la incredulidad de Montaigne a la irreligión de Meslier”, escrito por Manuel Tizziani, saldrá publicado en el próximo número de la Revista Latinoamericana de Filosofía, y también será traducido al inglés y publicado en formato capítulo.

Por otro lado, es importante mencionar que el Dr. Manuel Tizziani es el primer argentino en  obtener la beca otorgada por el Collegium de Lyon, institución cofinanciada por la Université de Lyon, la École Normale Supérieure de Lyon y el CNRS.

¿En qué consiste su actividad como investigador?

Materialmente, en leer y escribir. También en concebir y en discutir ideas e interpretaciones con colegas de mi disciplina -u otras afines-, en poner a pruebas las hipótesis de lectura, en escuchar las criticas e intentar ofrecer mejores versiones de los argumentos iniciales; en participar en diversos foros académicos (Seminarios, Workshops, Simposios, Jornadas); en formar parte/dirigir un grupo de investigación y en contribuir a la formación de las/los estudiantes y becarias/os con los que trabajo; en estudiar aquellos temas que me resultan de interés y sobre los cuales todavía no se ha escrito demasiado; finalmente, en publicar los resultados de mi investigación en revistas académicas, o en capítulos de libros colectivos. Además, como también soy docente universitario, en aprovechar todo eso para enriquecer mis clases y el intercambio con los estudiantes. Igual, una cantidad nada despreciable del tiempo también me encuentro abocado a cuestiones «operativas»: la redacción de proyectos, la presentación de informes, la solicitud de subsidios y/o la postulación para becas o estancias en el exterior.

De todos, si se me permite una respuesta más íntima y menos «académica», creo que la actividad de la investigación está muy vinculada con el juego, con la inquietud y la emoción que produce la posibilidad de desentrañar un misterio. Un misterio que, de resolverse, no sólo te puede cambiar a vos, sino a mucha gente a tu alrededor. Y creo que eso vale tanto para la filosofía, que es a lo que yo me dedico, como para todas las demás áreas del conocimiento. Si habría de confersar algo, diría que me hice investigador para poder seguir jugando al tesoro escondido, como si estuviera con mis hermanos en el patio de la casa mi abuela.

¿Cuál es su tema de investigación?

Si bien mi formación de grado y posgrado se ha dado en el ámbito de la filosofía, mi intereses son diversos, y podría englobarlos en el área de la «historia de las ideas», aunque la historia del libro y de la lectura también se vinculan a lo que hago. Desde hace ya algunos años, desde el postdoctorado, me he inclinado hacia el estudio de los manuscritos filosóficos clandestinos, un área de investigación relativamente nueva en el ámbito académico -ya que su estudio sistemático, si bien cuenta con antecedentes, se inició en la década de 1980-, y muy poco desarrollada en la Argentina. En concreto, estos manuscritos, que circularon de modo «subterráneo» en la Europa de los siglos XVII y XVIII, tuvieron una gran importancia para la génesis del movimiento de la Ilustración; un movimiento filosófico que, sin exagerar, sentó las bases teóricas del mundo en el que vivimos hoy los occidentales.

En ese marco, después de haber dedicado mi tesis de doctorado a los debates sobre la tolerancia en los inicios de la modernidad, y de haber estudiado especialmente el escepticismo, me fui inclinando hacia la génesis de posiciones más radicales, que son las que se expresan con mayor libertad en estos manuscritos, como el materialismo ateo. Y es a eso a lo que me dedico ahora; en particular, al estudio de las obras de un «cura ateo» llamado Jean Meslier, quien desarrolló un ateísmo sistemático, postulando la necesidad de llevar a cabo una revolución política y social que pudiera destruir las injusticias del Antiguo Régimen. En concreto, busco entender cuál es la importancia que Meslier le otorgaba a los argumentos racionales (en contraposición a las «creencias ciegas» a las que conduce la fe), y a quiénes busca interpelar a través de sus escritos. En otras palabras, quiénes son los que van a llevar adelante la «conjura del bon sens«, una categoría central en sus obras, y que será retomada por el barón de Holbach, uno de los ilustrados más afamados de Francia.

¿Qué significa, a nivel profesional, haber sido premiado por la Revista Latinoamericana de Filosofía?

A nivel profesional, una satisfacción enorme. Haber resultado ganador del «Concurso Ezequiel de Olaso 2018», organizado por una de las revistas de filosofía más prestigiosas de la Argentina (¡del emblemático CIF!), no sólo es un reconicimiento muy importante para el trabajo ya realizado, sino también un aliciente para lo que viene. Además, el hecho de que el concurso haya contado con un jurado de primer nivel internacional (Plinio Smith, de Sao Paulo; Juan Manuel Comesaña, de Arizona; y Carlos Thiebaut, de Madrid), creo que resulta dóblemente meritorio, porque orienta acerca del nivel que he podido alcanzar -sobre todo- a partir del esfuerzo y la dedicación.

En términos personales, también resulta muy gratificante. El hecho de que mi propio maestro, Fernando Bahr, haya sido discípulo de Ezequiel de Olaso, hace que el premio tenga un sabor todavía más dulce. Porque, además de la admiración intelectual que siento por una figura tan importante para el desarrollo del estudio del escepticismo en Latinoamérica, la intemediación de Fernando también ha generado cierto vínculo afectivo, aún cuando no tuve la oportunidad de conocer personalmente a Olaso. Al fin y al cabo, la investigación filosófica es motorizada por la pasión, y me enorgullece compartir eso con personas tan admiradas por mí como Olaso y el propio Fernando.

¿Cuáles son sus expectativas al haber sido becado por el Collegium de Lyon? ¿Qué nuevas posibilidades le presenta para su futuro laboral?

Mis expectativas son enormes. La posibilidad de realizar una estancia de investigación en el Collegium de Lyon (entidad cofinanciada por la Université de Lyon, por la ENS de Lyon y por el CNRS) es, sin lugar a dudas, un sueño hecho realidad. No sólo porque es la primera vez que tengo la oportunidad de hacer una experiencia de este tipo, sino también porque me va a permitir trabajar todos los días, durante un año, con las personas cuyos libros y artículos suelo leer. En tal sentido, creo que estar trabajando en un centro de primera línea a nivel internacional, con quienes se encuentran a la vanguardia en el tema de investigación al que me dedico, será una experiencia increíble, y no dudo que también muy enriquecedora. En suma, creo que este año en Francia puede ser muy importante para dar un «salto» de calidad en mi producción.

En cuanto a las posibilidades, también espero que la experiencia resulte muy positiva, no sólo para mí, sino para el -por ahora- pequeño grupo que vamos armando en Argentina. La chance de establecer nuevas relaciones, de pensar en convenios de cooperación con el IHUCSO, y de consolidar la Asociación Argentina de Estudios del Siglo XVIII (una entidad creada en 2011, en vínculo con una red de Asociaciones a nivel global) están también entre mis prioridades. Ojalá pueda ayudar a construir algo en esa línea.

Para finalizar, el Dr. Manuel Tizziani comenta que “Como nací en un hogar de clase media trabajadora, nada de lo que relaté antes hubiera sido posible sin la existencia de la Universidad pública, o sin el apoyo del Estado a través del CONICET, donde obtuve mis becas y ahora me desempeño como investigador. Por eso, más allá de mi caso personal, creo que la dirigencia política tiene que mostrar un fuerte y real compromiso con la educación pública, y con el desarrollo de la ciencia y la tecnología. De otro modo, como suele decirse, «no hay futuro». O sí lo hay, pero dudo mucho que sea muy auspicioso. En este año, espero que los argentinos tomen conciencia de la importancia que el conocimiento tiene para mejorar la vida de todas y todos, y que el gobierno que asuma a partir de diciembre de 2019 pueda volver a poner en agenda un programa de desarrollo científico y tecnológico, y terminar así con el ajuste que está sufriendo. Por mi parte, puedo decir que mi compromiso con la Universidad pública, gratuira y laica, y con el crecimiento del CONICET, es, desde ahora y desde siempre, un principio irrenunciable”.

 

¡FELICITACIONES MANUEL!